domingo, julio 29, 2012

UN DÍA O JAMÁS

Llegué a Soha. No sé cómo, pero el caso es que llegué a Soha. Sus orígenes se remontan a la tribu africana Ouled Saltane, y sus padres llegaron a un campo de refugiados en Argelia desde donde se trasladaron a Francia. La chica habla inglés, francés y español. Canta en los 3 idiomas y su música es una fusión de reggae, soul, funk, y jazz. A continuación su tema Mil Pasos:
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Una desconocida por estos trechos, pero cuando la escuchás una parte tuya empieza a amarla de lejos. Aquí Café Bleu:
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miércoles, julio 25, 2012

“MI NIÑO HERMOSO"
Por: Mónica Heinrich V.

Cuando ocurrió la masacre de Columbine, los adolescentes que perpetraron el hecho fueron llamados "monstruos". De hecho, la conocida revista Time tomó sus rostros como portada bajo el título de “Los monstruos de la puerta de al lado”.

Han pasado más de 10 años y la tragedia aún no consigue explicarse.

Fue en los 70s que una chica de 17 años inició oficialmente los tiroteos escolares, pero sería Columbine, “the home of rebels”, el que se alzaría como símbolo de un sistema donde todas sus instancias han fallado: familia, educación, sociedad y, sobre todo, cuidado mental.

Los “monstruos” desde entonces siguieron apareciendo, monstruos con rostro casi infantil y figura desgarbada. Con mirada perdida y actitud errática. No lo que esperás de un monstruo, sino todo lo contrario. Monstruos atormentados, casi todos bajo tratamiento psiquiátrico.  Jóvenes señalados por algunos sectores de la prensa y  por público en general como locos asesinos a los que se debería exterminar por sus atroces conductas. Pena de muerte! o suicidio! grita la masa en rechazo a un acto violento que se pretende castigar con otro acto violento. 

Monstruos de los que nadie se responsabiliza pero de los que todos son responsables.

Este 2012, Ohio fue el escenario en el que un aparentemente frágil muchacho de 17 años (al que aconsejan no mencionar con nombre y apellido para no darle inmortalidad o trascendencia) fue el protagonista de un tiroteo ocurrido en un comedor escolar. Asesinó a tres personas e hirió a otras tres.

Hace unos días, el horror se trasladó a un cine de Denver. Un estudiante de Neurociencias irrumpió durante la premier de Batman Dark Knight: Rises y liquidó sin miramientos a 12 personas e hirió a casi medio centenar. Jessica, Jon, Alex, Matt, son algunas de las vidas interrumpidas, irrecuperables que acabaron a manos de un joven de 24 años.

Y este agresor, anónimo hasta hace unos días, era parte de la sociedad, bien o mal, formaba parte de un entorno familiar, educativo, social. Ahora salen a la luz sus fotos de anuario, sus videos escolares, su perfil de alumno “brillante”. En contraste, su primera comparecencia ante la corte luego del ataque lo muestra con el cabello teñido de naranja, la mirada perdida, la actitud errática. Un “monstruo" más.

Se abre (nuevamente) un tímido debate sobre el control de la venta de armas. Hecho al que apuntó Michael Moore en su interesante documental Bowling for Columbine en el que arremetió furiosamente contra la NRA (Asociación Nacional del Rifle).

Sin embargo, como parte del documental el mismo Moore se va a Canadá y ahí casi todos tienen armas, y ahí es normal comprarse una escopeta desde que tenés fuerza para sostenerla, y ahí duermen con las puertas abiertas, y ahí a pesar de todo lo dicho no aparecen “monstruos” que un día van a su colegio o universidad a matar gente.

Y el cine que siempre dice grandes verdades, ha creado casi un nuevo género con películas sobre los tiroteos escolares que intentan acercarse a ese fenómeno desde distintos ángulos.

Los trabajos más conocidos son el documental ya mencionado y Elephant, del director Gus Van Sant, que también se “inspira” en Columbine. El título de Van Sant alude a la expresión de que “Un elefante está en la habitación”, frase que metaforiza la idea de que un problema muy grande existe y que todos fingen que no existe a pesar de lo evidente. Con ritmo pausado y reflexivo, Van Sant pasea su cámara dentro de un colegio que será atacado por dos estudiantes.

En los últimos años salen dos películas que abordan la temática desde un ángulo hasta ahora jamás explorado: la familia del asesino.

Una de ellas es “We need to talk about Kevin”. Oscuro filme basado en el libro homónimo de Lionel Shriver.

La interesante directora escosesa Lynne Ramsay, cuyos trabajos anteriores: Ratcatcher y Morvern Callar ya apuntaban a una inclinación sobre temas jodidos, es la encargada de escribir y dirigir esta propuesta.
Incómoda de ver, la trama se adentra en la vida de la acomodada familia Miller. Eva (Tilda Swinton) es una exitosa escritora cuya especialidad es viajar y escribir sobre esas travesías. Franklin (John Reilly) es su esposo, y juntos procrean un hijo: Kevin.

El filme tiene elipsis temporales y está contado desde la mirada de Eva hacia el pasado, queda claro desde el título que algo anda mal con Kevin y que lo ideal sería sentarse y hablarlo. La frase “tenemos que hablar de Kevin” es la frase que ambos padres nunca se dicen ni se plantean seriamente.

Cuando Kevin nace es rechazado por su madre, él es la causa de que ella no pueda seguir haciendo lo que le gusta: viajar. Él significa envejecer y amontonar frustraciones y renuncias en pro de una vida familiar. El rechazo no es explícito pero sí tácito. Cuando el niño tiene conciencia de ese rechazo, parece actuar en plan de venganza y empieza a mostrar un lado cruel. La madre, se supone, es el modelo de amor que definirá su relación con el mundo, con el otro. Pero, ¿cuántos niños son rechazados o criados en hogares disfuncionales sin que se conviertan en bombas de tiempo? Cientos. Miles.

Eva, entonces, descubre que su hijo no es un niño normal y que sus actitudes o acciones rozan algo parecido a la maldad. Digamos que clínicamente hablando tiene todos los criterios para una psicopatía, donde resaltan un aplanamiento afectivo y una carencia de empatía que debieron encender todas las alarmas familiares y escolares.

Eva lo sabe, y alguna vez intenta hacérselo ver a su esposo. Franklin, sin embargo, lo niega, es difícil asumir que tu hijo es “raro” o “malo”, así que cómodamente se convence que no es así y Eva prefiere mirar hacia otro lado por culpa, por no haber recibido con amor al niño cuando nació. Por sentirse frustrada por ese nacimiento y haber volcado esa frustración en algunas acciones que como madre fueron reprochables.

Hay momentos en que Eva intenta recomponer la relación con Kevin, pero el abismo que los separa es tan grande que no se puede distinguir cuando se llega a él o cuando Kevin usa la manipulación retorcida que le es innata.

Al mismo tiempo, el niño es una especie de reflejo suyo. Físicamente son muy parecidos, y llega un punto en que se percibe una especie de guerra psicológica entre ambos. Frialdad vs Frialdad.

La llegada de un nuevo integrante a la familia, Celia, la hija menor de la pareja y hermana de Kevin, gatillará la tragedia que se anticipaba.

Mientras ves la película vos mismo te decís: Sí, tienen que hablar de Kevin. Las nubes negras, el viento, la llovizna, la helada, todo aquello que puede darte pie a pensar que se viene una tormenta, no es debidamente sopesado por la familia.

Una vez Kevin hace lo que todos tememos, Eva (símbolo del pecado original y madre universal) se queda con la necesidad de una explicación. Luchar con esa necesidad, con el estigma social de haber criado un “monstruo”, con la responsabilidad que le adjudican por traerlo al mundo, con su incapacidad para tender un puente que por ahí evitara la desgracia, el haber perdido todo, las víctimas que su hijo se llevó consigo, la culpa de no haber hablado sobre/con Kevin, y asumir que a pesar del horror, Kevin es su hijo… ese vía crucis es el eje del filme.

Bellamente filmada, We need to talk about Kevin perturba.

Un gran elenco conformado por una genial Tilda Swinton como la atormentada madre, John Reilly como el ingenuo-acomodaticio padre, y Ezra Miller como el maquiavélico adolescente, hace al filme por momentos insoportable.

Quizás, a nivel general, los excesivos flashbacks y algunas escenas demasiado “montadas” le quitan algo de verosimilitud al relato, aunque eso no impida que  la historia golpee y perturbe, y que intente echar una mirada profunda hacia un tema tan gajudo.

Si se compara con el libro, los personajes se pueden ver estereotipados en la pantalla gigante y además, el estilo narrativo elegido por la directora hace menos accesible una historia que en papel es cien veces más desgarradora.

El color rojo, usado en muchas escenas (tomatina española, supermercado, pintura, luces de la habitación, sirenas) como una dualidad entre el amor y la violencia, subrayan el tenor del filme.

Como cherry de torta, el delirante Kevin se permite una crítica a la cultura “celebrity” o el morbo que transforma a estos sujetos en personas influyentes/trascendentes/inolvidables.
Es así: te despiertas y miras televisión, te metes en el coche y escuchas la radio y vas a  tu insignificante trabajo o instituto, pero no escuchas nada sobre eso en las noticias de las 6, ¿por qué? Porque realmente no ocurre nada, y vas a casa y miras algo más de televisión y puede que sea una noche de diversión y salgas y mires una película. Quiero decir, que la cosa está tan mal que la mitad de la gente está en la televisión, dentro de la televisión, están viendo televisión. ¿Qué está viendo esa gente?, a personas como yo.
Si We need to talk about Kevin parte de la premisa que la familia siempre supo que algo andaba mal con Kevin, en Beautiful Boy la mirada se vuelca por completo en unos sorprendidos y anonadados padres.

Cuando  veía este filme, recordaba el relato que la madre de uno de los asesinos de Columbine hizo para la revista O de Oprah Winfrey en el 2009. En ese espacio abierto que Oprah cede a la señora Klebold, la mujer escribe su experiencia. Ilustra la nota una foto de su hijo con mirada despierta y sonriente a los 5 años armando un rompecabezas junto a ella. Así sabemos que el recordado “monstruo” fue un niño feliz, que era compañero de ajedrez de su padre, que le gustaba armar legos  y que hasta cierta edad fue absolutamente normal. Luego entró en un fase “difícil” que la señora atribuyó a la edad (adolescencia) y a las malas compañías (el otro chico que atacó la escuela). Los diarios que el adolescente escribió donde volcaba sus ideas suicidas, sus amores no correspondidos, y una vida emocional demasiado truculenta para una persona tan joven, jamás fueron vistos por sus padres. Ella se enteró del sufrimiento con el que vivió su hijo 6 meses después de la tragedia, cuando le permitieron ver el material y él ya había pasado a la historia como un “monstruo". 

En Beautiful Boy, Kate (Maria Bello) y Bill (Michael Sheen) son los padres de Samy, un joven estudiante universitario. La pareja ama a su único hijo, e incluso a pesar de ser mayor de edad e independiente, tratan de protegerlo al esconderle la inminente separación que están llevando a cabo. Un divorcio que aún no saben cómo exponer ante él.

En un principio la película narra la rutina de esta pareja, y los preparativos para un encuentro familiar con el hijo que vendrá de visita. Una llamada algo emotiva el día anterior de la tragedia, las consabidas charlas cariñosas, el hijo que nunca da ninguna señal de que hará lo que hará, y eso es todo.

Más adelante comienza el calvario. Los noticieros informan que hay un tiroteo en la universidad de Samy, que hay muchos muertos y heridos. Los padres entran en pánico pensando que su hijo puede ser una víctima. Intentan contactarse con él sin éxito. Desesperación y angustia se extienden entre la familia y amigos.

Finalmente la policía llega directamente a la puerta de su casa, y ellos sienten que el mundo se les viene encima pensando que les dirán que su hijo murió durante el ataque, pero la noticia es peor de lo que esperan: su hijo es el atacante y cometió suicidio luego de la masacre.

Samy envió videos llenos de rabia y delirio a las cadenas televisivas, y sus padres, aquellos que lo criaron, para quienes él es solo “mi hermoso niño”, no reconocen a ese desquiciado muchacho. No saben qué pasó. Cómo pasó. Por qué pasó. Cómo no se dieron cuenta. Si son culpables. Si se pudo evitar, y todas aquellas preguntas que surgen no solo en la familia del atacante, sino en todo aquel que se entera que sucede un hecho así: medios, amigos, extraños, familia, etc..

El director Shawn Ku, quien también es bailarín, coreógrafo y actor, se inspiró en los hechos acaecidos el 2007 en Virginia Tech porque la tragedia lo tocó indirectamente cuando un amigo de su familia murió durante el tiroteo que perpetró el coreano Cho Seung.

Beautiful Boy es su debut en la pantalla gigante. Un poderoso drama, que si peca de algo es de un aire a telefilm, y cuyo gran logro recae en que nunca da una explicación sobre las acciones de Samy. 

Las excelentes interpretaciones que logran Bello y Sheen, erizan. Dos padres que se pasan la película recordando cosas que dijo o hizo el chico. Detalles de cuando era niño. Viendo fotos, cuadernos viejos de escuela, dibujos, vídeos, y tratando de mantener en sus mentes la parte buena, la que nada tiene que ver con el monstruo que el resto del mundo conoce.

Ambos filmes, We need to talk about Kevin y Beautiful Boy dan una visión. Otra, es la del bullying arrojada por durísimas películas como Klass, que en el 2007 fue elegida por Estonia para representar a dicho país europeo en la selección de los Oscar. 
En ella, un indefenso estudiante (Josepp) es acosado y humillado a diario hasta que Kaspar, que forma parte del grupo acosador, se da cuenta que las cosas se han ido de las manos e intenta defenderlo. Esa defensa es tomada como una traición y conducirá el filme hacia un camino sin retorno. Hay una escena en la playa especialmente jodida. Tan jodida, que la parte más primitiva del espectador puede llegar a “empatizar” o a “entender” las decisiones que los protagonistas toman después de esa escena. Tan tan jodida que uno le grita a la pantalla: “al de las botas, al de las botas!!!” 

Chicos que no eran monstruos, pero que por las circunstancias (familia y escuela incompetentes) y una violencia  constante por parte de otros monstruos funcionales, llegan a cometer hechos injustificables.

En Estados Unidos se sigue haciendo hincapié en el problema del acceso a las armas, Michael Moore en un reciente post publicado luego de la tragedia de Denver dice: "Son las armas, pero no son las armas”. Y en el cine, que como ya dije, se dicen verdades, se habla de muchas cosas: predisposición innata, crianza, el poco control sobre la venta de armas, acoso escolar, problemas mentales, incompetencia de los tratamientos psiquiátricos, una sociedad que le rinde culto al exitismo y que promueve el aislamiento de las personas que no encajan en un modelo estándar, un sistema que hace celebridades a los asesinos. 

Las últimas noticias dan cuenta que luego de lo sucedido en Denver la venta de armas en suelo americano está subiendo como la espuma. De hecho, luego del tiroteo en Colorado, en ese estado subió un 43%. Casi la mitad. 

Políticamente hablando, Obama y Romney se dan golpes de pecho, pero en el Congreso pocos se atreven a desafiar al poderoso lobby que respalda el uso de armas. A tres meses de las elecciones ninguno de los candidatos presidenciales será punta de lanza de una campaña que promueva mayores restricciones.

Seguramente, los minutos de silencio que se piden en nombre de las víctimas de estas masacres se seguirán contabilizando. Es fácil guardar un minuto de silencio. 

Los "monstruos" seguirán apareciendo. Esos “monstruos" con cara de niño, mirada perdida, actitud errática. Esos “monstruos" a los que el sistema les ha fallado.

James Alan Fox, profesor de Criminología y experto en asesinatos colectivos, declaraba: "Este tipo de tragedia es uno de los precios desafortunados que pagamos por nuestras libertades”.

martes, julio 10, 2012

CARAS QUE NO SONRIEN
Por: Mónica Heinrich V.
Nació en Riga apenas finalizada la 2da. Guerra Mundial. Por eso no es de extrañar que en su página web, Misha Gordin acompañe sus fotografías con frases escritas por él mismo, frases como: "Recuerdo vivir después de la guerra, escondiéndome en las ruinas de edificios bombardeados, el hombre sin piernas arrastrando su camino en una pequeña plataforma. Recuerdo jugar solo, nosotros no teníamos juguetes. Recuerdo el olor de corredores oscuros. Recuerdo el bosque lleno de secretos. Recuerdo caras que nunca sonreían”.
Misha estudió ingeniería de aviación, profesión que nunca ejerció. En sus 20s tuvo, también, una pequeña participación en el Riga Motion Studios como diseñador de efectos especiales. Vivió hasta los 28 años bajo el régimen soviético, disconforme se trasladó a USA, ahí desarrollaría su carrera como fotógrafo. 

Descubrí a Misha Gordin hace ya unos años, y me llamó poderosamente la atención su hermoso trabajo conceptual. Encima, el señor no usa photoshop sino que hace el ensamblado o el trabajo de la foto en un tradicional cuarto oscuro con una técnica artesanal que requiere tiempo, precisión y paciencia. “Los errores pueden darse, corregir sobre ellos no se puede. Hay que volver a empezar”, afirma sobre su estilo en una entrevista.

Influido por Tarkovsky, Dostoievsky, Parajanov, Lars Von Trier, Gordin se ha especializado en una obra que siempre es en blanco y negro y que presenta al ser humano de una manera un tanto desesperanzadora.
Recuerda su adolescencia como difícil, rechazando cualquier sentido de autoridad, y con un alejamiento emotivo hacia su madre, un profundo respeto hacia su padre y una necesidad de no involucrarse con ningún grupo o asociación de la época. 

Una vez se estableció en USA, se encontró perteneciendo a círculos de artistas, la ciudad se le hizo pesada, y decidió mudarse con su familia a una alejada propiedad y vivir tranquilamente. Su esposa, el gran amor de su vida, moriría en un accidente automovilístico a los 39 años.
En su web, llamada bsimple se pueden apreciar sus galerías de fotos: Shadows, Shout, Crowd, Doubt, Remeber y New, aglutinan su obra.
 “Soy un hombre confiando en su intuición”, dice sobre su visión de sí mismo a través de su trabajo. Y claro, cómo no va a confiar en su intuición si le permite lograr imágenes tan espectaculares.
Al ser consultado en distintas entrevistas para revista de arte sobre el significado de sus imágenes, Misha es contundente: “No interpreto mis imágenes, mi meta es que el espectador descubra pensamientos o sentimientos a través de ellas”.

Y ese quizás sea su poder de seducción, es imposible no detenerse frente a sus imágenes y que los pensamientos no se agiten como mar en medio de una tempestad.
Misha actualmente tiene 66 años, vive apaciblemente en un sitio que le permite respirar aire fresco todas las mañanas. Siempre dice que seguirá utilizando esta misma técnica hasta que el estado físico le permita pasar horas, semanas o meses montando los cientos de negativos que requiere para crear de sus obras.
Misha Gordin es considerado uno de los maestros de la fotografía conceptual, y ha dejado su impronta, su testamento, su homenaje al cuarto oscuro. En tiempos como los que corren en que la tecnología acaba desmitificando hasta las cosas más puras, un trabajo como el de Misha solo puede alimentar el alma.

lunes, julio 02, 2012

PROMETHER DEMASIADO

Por: Mónica Heinrich V.


Si en los trailers y en el poster advirtieran: “Guionizada por los mismos crispines que escribieron Cowboys & Aliens y The Darkest Hour”, no habría resentimientos. 

Diríamos con voz de niño que desea un dulce: “PERO es filmada por Ridley, algo interesante tendrá”. Nuestras expectativas estarían por el piso, la posibilidad de divertirnos visualmente nos haría asistir a la sala y salir de ella sin mayores daños.

Eso pasaría.

El problema empieza cuando nos promethen el GRAN retorno del señor Ridley Scott, la vuelta a SUS orígenes, digamos que un nado estilo mariposa en su placenta.

Y para los que desde hace años nos preguntamos DONDE se nos extravió RS, en qué intestino de la industria hollywoodense se quedó atorado, pues la posibilidad de ver al creador de Alien y de Blade Runner en his best shape, es demasiado tentadora.

Nada importa que sus últimos trabajos (Robin Hood, A good year, Red de Mentiras, y todo lo que hizo durante el nuevo milenio) sean una antesala lógica de ESTO. Nop.

El ser humano siempre insistirá en abrazar la esperanza y estrangularla.

Así que en un aciago lunes de junio del 2012, ahí estábamos a ojo pelado ante Prometheus, que en un principio se llamaría Paradise, pero luego de que toda la paja mental de creer o no creer fue asentada a Ridley le pareció que lo de Prometheus le quedaba pintau.

Hermoso: Mitología, ciencia ficción, filosofía, religión. Todos para uno y uno para todos.

Las secuencias iniciales, que según diversas fuentes, tardaron en filmarse dos semanas en Islandia, son sencillamente espectaculares. Diría que si ves eso, podés ir a tu casa, cerrar los ojos y morir tranquilo. Muy bonito.



Prometheus promethía.

Luego aparece el gran (GRAN) Michael Fassbender interpretando a David. En tu cabeza suena Beethoven y aparecen imágenes de Kubrick (en tu cabeza). Las palabras “Hello, Dave” que son lanzadas al androide son un claro homenaje a HAL-9000.

David custodia la nave donde duermen a pierna suelta (al estilo crionizados) 8 individuos. Estos han sido reclutados por la corporación Weyland dirigida por Peter Weyland. Dos de ellos descubrieron que jeroglíficos de distintas culturas apuntaban a un elemento común. Este elemento común entre culturas que nunca tuvieron contacto entre sí es la prueba de que existe un ser o seres superiores que son como los padres de la humanidad. Los Weyland y compañía llaman a este poder superior: Los Ingenieros y arden en deseos de topárselos cara a cara.

Yo no querría verlos ni en una lectura de hojas de coca, pero son opiniones.

Después de un viaje de unos cinco años, todos despiertan y llegan a un planeta donde supuestamente encontrarán a Papi o Mami. Aquí se juega mucho con el tema de la fe, la necesidad de saber de dónde se viene y hacia dónde se va. El resentimiento del porqué nos dejaron a nuestra suerte, huérfanos, abandonados. Es decir, se plantean cuestionantes existenciales que han derramado litros de tinta en distintos libros, que han creado guerras, y que han destruido naciones. Para eso hay que ser muy pendejo, y tener entre tus guionistas gente con criterio, dos dedos de frente y un poco más de profundidad que una tapa de cerveza.

¿Quiénes se encargan de escribir una historia con ese trasfondo tan delicado? Les presento a John Spaihts.

Esperen un momento que voy a salir a la calle a gritar un rato.


Este John Spaihts debutó en la pantalla gigante con el guión de una película llamada La hora más oscura. Película insípida, estúpida, sin chiste, aburrida, mal hecha, donde las haya. Era aquella de los individuos que estaban pasándolo chancho en Moscú y llega la invasión extraterrestre para liquidarnos con una extraña luz.

Averiguada la cosa, resulta que Prometheus iba a ser dirigida por Carl Rinsch un director de comerciales de televisión, pero la Century Fox que tiene los derechos de Alien, exigió que el filme sea dirigido por Ridley. Tanto Ridley como el estudio aprobaron a Spaihts, pero filmar ese guión costaba 250 millones de dólares y además iba a tener una calificación R (no apta para todo público).

Century Fox, después de meditarlo, no estaba dispuesto a pagar esa platita por un film que iba a tener restricciones de público. De ahí que llamaron a otro sujeto: Damon Lindelof quien hizo una “revisión” del guión escrito por Spaihts ajustándose al presupuesto (150 millones aproximadamente) que la Century Fox estaba dispuesto a gastar.

Damon, amoroso él, es la mente iluminada que escribió Cowboys & Aliens.

Ajá.

En entrevistas posteriores a Spaihts sobre la co-escritura de Prometheus, el susodicho se muestra políticamente correcto. Formalismos aparte, sospecho que en su casa guarda un muñeco vudú de Lindelof al que le clava alfileres y le quema cigarrillos. Yo haría eso y más (insertar mirada desquiciada)

Dejando ese contexto de lado, volvamos a la película.

Uno elige en qué creer”, nos dice ñoñamente uno de los personajes. Bajo esa premisa se sostiene el argumento o la falta de él. Llama la atención la poca consistencia de los personajes a nivel de acciones, lo de los cascos me pareció la cosa más insensata del mundo, y se supone que son científicos, la crema y nata de sus áreas. A veces me emputaba y murmuraba: "Cómo pueden ser tan brutos".

No me voy a poner cojuda porque la ciencia ficción se toma licencias de todo tipo, y alguna gente no gusta de buscarle lógica a conceptos básicos de supervivencia, pero más allá de eso, lo que parte con una introducción ambigua, bien cuidada, sutil, estéticamente hermosa, se va perdiendo en el camino para dar paso a los diálogos clichés de cualquier película, y digo bien:cualquiera…esas líneas las podés escuchar hasta en un dibujo animado de tan pobres que son.

Hay varias vertientes que la historia toma, siendo la principal la que gira en torno al personaje de Elizabeth Shaw (Noomi Rapace), quizás es en ella donde el esfuerzo por conectarnos emocionalmente con la trama tiene más resultado, aunque eso se deba en gran medida a que el filme gira en torno a ella. Otra vertiente es la de David, el androide que siente curiosidad, morbo, por la humanidad, los sentimientos, las sensaciones, y que en su búsqueda de entender o descubrir situaciones, experimentará a placer. 

Meredith Vickers (Charlize Theron) como la estirada y fría comandante de la nave, guarda un secreto que se revela al final. Su personaje, a partir de la mitad, se desdibuja notablemente. El resto de los personajes son de difícil rememoración, no están bien construidos, no conectamos nunca con ellos, su muerte o existencia no repercute en el ánimo de la platea, y los minutos siguen pasando.

Por otro lado, la pregunta principal: “Quién nos creó” se resuelve de una manera mentecata. 

Las secuencias finales de David movían más a la risa o la contemplación un tanto extrañada del curso de los acontecimientos. Y no tiene que ver con las escenas en sí, sino con el armado de celofán en que se encontraban envueltas.

Un armado poco convincente que no justifica ni hila un concepto tan poderoso como el origen de nuestra especie.

Prometheus termina con más preguntas que respuestas, lo que no sería malo si dichas preguntas calaran hondo, que no es el caso. También concluye con la promesa de secuelas, y con la certeza de que los 150 millones de dólares gastados y el nombre de Ridley Scott en el poster no garantizan el resurgimiento de una franquicia a la que ya de por sí se la había exprimido hasta el hartazgo y que reclamaba una inyección de adrenalina, creatividad y genio para que valga la pena desempolvarla.

Lo que tenemos es un producto entretenido con escenas vistosas, secuencias en algunos casos muy buenas, el chorro pegajoso que siempre nos encanta ver, la mano de Ridley Scott que convierte a este producto pipoquero en algo un poquito más “estiloso”, y nada más.

No será el filme de culto que se esperaba, ni un referente de la ciencia ficción. Será la promesa fallida de un Ridley Scott que desde hace más de una década nos entrega productos un tanto desangelados y sin la chispa que lo hizo conocido.


Lo mejor: Entretiene, y es dentro de su nicho visualmente superior al promedio.
Lo peor: que guión más horrible
La escena: la secuencia inicial y la de Rapace, las grampas y la cuestión quirúrgica.
Lo más falsete: David al final, la capacidad de los científicos y el maquillaje de Guy Pearce.
El mensaje manifiesto: Uno elige en qué creer
El mensaje latente: Creer no es saber
El consejo: Mirala entendiendo quiénes son los guionistas.
El agradecimiento: Que dentro de todo no es aburrida.

CURIOSIDADES
  •      Gemma Arterton, Carey Mulligan, Olivia Wilde, Anne Hathaway, Abbie Cornish and Natalie Portman fueron consideradas para el rol de Elizabeth Shaw.
  •              Fue filmada con la RED EPIC
  •     El director de fotografía Dariusz Wolski, responsable de películas como Piratas del Caribe, El Cuervo y la Alicia de Tim Burton, fue el que sugirió a Scott que Prometheus se trabajará en 3D.
  •      Cuando Scott y el estudio deciden revisar el guión se lo mandan con un mensajero a Lindelof. El mensajero le informa que tiene que leerlo en ese instante y devolvérselo al tiro, ya que existía un celo profundo de Scott sobre la confidencialidad del guión.  
  •        Al principio se la trabajó como una precuela, pero luego se manejó como un filme que se desarrolla en el mismo universo de Alien y que a decir del director comparte un mismo “ADN”, pero que no están relacionadas profundamente. Más o menos como un primo lejano.
  •       James Franco fue considerado para el rol de Holloway.
  •     Noomi Rapace tuvo un entrenador personal para que la ayudara a lograr el acento británico de su personaje.
  •     Charlize Theron fue pensada para el rol de Elizabeth Shaw, rechazó la oferta por conflictos de agenda, más adelante cuando Rapace ya tenía el papel, Theron contactó a la producción porque quería trabajar en el filme, le dieron el papel de Meredith Vickers.
  •     James Cameron canceló su proyecto de rodar la quinta parte de la saga Alien, al encontrar similitudes en ambas historias. Por su parte, Guillermos del Toro, postergó indefinidamente “En la montañas de la locura” por iguales motivos.