por: Mónica Heinrich V.
Bueno, Chuck escribió ese libro. Después hizo varios más y según él mismo, en una presentación le dijeron que pa cuándo se iba a soltar el moño y dejar de escribir las mismas huevadas de siempre. Hasta la supuesta y posera irreverencia puede volverse repetitiva.
Pero a Chuck ya lo conocía por su cuento Tripas (Guts) en el que de la manera más grotesca, pintadito con humor negro, del cochino no del fino, relataba las peripecias masturbatorias de varios crispines, coronando el relato con una imagen literaria difícil de olvidar y que a decir de testigos varios ha provocado más de 50 desmayos al ser leído en voz alta. No sé, cuando lo leí no pude evitar soltar la risotada, aunque me pasó lo mismo que a algunos…o sea, todo bien Chuck, pero a veces menos es más.
Y así, como esta vida triste y gris te lleva sin pensarlo a lugares inhóspitos, leí Nana. Y al principio me pareció más o menos, pero la historia detrás de Nana validó un poco el libro ante mis ojos. La edad de la inocencia, que ya pasó, hizo que entendiera a Chuck (luego de breves momentos de desconfianza) y que al repasar lo leído con los datos descubiertos, pudiera hacer un balance más personal de la experiencia.

Nana es el libro en el que Chuck intenta dejar sus temáticas de siempre y entrar en el terreno de la ficción-terror-suspenso, intentaba imaginarme la película que se filmaría si lo adaptaran, y me ponía a reír al hacer mi casting mental y al trasladar la acción a la Chiquitanía boliviana. Nana hace alusión a una canción de cuna (una nana), que puede ser usada como canción sacrificial y al cantarla podés matar a la persona en la que pensés en ese momento. Un periodista investiga las conexiones entre la muerte de varios bebés.
Dichos bebés fallecen por lo que comúnmente se llama “muerte súbita”. El periodista descubre que hay algo en común, a todos ellos su padre o madre les cantó una nana de un libro antiguo del que sólo hay 500 ejemplares.
Siguiendo las pistas de las muertes y de los libros llega a una mujer, que trabaja en bienes raíces y que aparentemente ha usado la nana para “limpiar” su camino de personas indeseables. Ante el descubrimiento y posterior rechazo a ejercer ese tipo de justicia casi divina, el periodista en un principio tratará de mantenerse al margen y de ponerse como objetivo la destrucción de todos los ejemplares en los que se encuentre la famosa nana para evitar así que sea “mal utilizada”.
Luego, como es un ser humano común y corriente, la mezquindad hará que sin querer queriendo use la nana de vez en cuando, sintiéndose culpable por no poder parar y dando pie a reflexiones varias sobre temas como la corrupción del poder, lo fácil que es romper principios y preceptos morales, lo difícil, por no decir imposible, que resulta volver a sentirte parte del mundo cuando ya has pasado ciertos límites y una crítica feroz al consumismo (tema recurrente de Chuck) y a la estupidización de los medios, así como el reemplazo de la soledad, los vacíos existenciales, y las tristezas con dichos medios.
Personajes secundarios como Mona u Ostra, especie de hippies freaks del medioambiente y con sueños de poseer el libro original donde se encuentra la nana y otros hechizos, para usarlo “ bien”, así como Nash, el enfermero con una repulsiva necrofilia o las personas que visitan buscando los ejemplares, conforman un collage bizarro de miseria humana.
Si bien tiene momentos bien redactados y en los que podés descansar un poco del efectismo para leer alegatos violentos contra lo establecido, la mayor parte de la lectura transcurre con una onda de querer “sorprenderte” y lo quiere hace rmedio a lapos. Con esto intento decir que me imagino a Chuck, en su casa, craneando que cosita más le puede meter para hacer la historia más grotesca, más impactante, más jodida. Y es ahí donde te desconectás un poco, porque ves al escritor, podés sentir la mano que mece la cuna y podés intuir lo que él quiere que sintás.
No obstante, se puede leer de un tirón. Es relativamente liviano en cuanto a ritmo e intenta darle vueltas de tuerca (que a mí me parecía cantado el final) para capturar emociones. Cuando lo terminé me asaltaron sentimientos ambivalentes, por un lado habían partes del libro que me “movían” y por otro lado, como ya dije, habían otras que me distanciaban. Me puse a buscar en qué contexto fue escrito…porque a veces el contexto te define una obra, y voilá.
No podía creer lo que mis ojos leían. Chuck escribió Nana por lo siguiente. A finales de los 90s su padre, Fred, separado...leyó un anuncio en el periódico de una mujer que buscaba pareja, lo contestó y Cupido hizo su trabajo. Empezaron a salir, las cosas marchaban bien. El problema? La mujer tenía una ex pareja que estaba en prisión por violencia doméstica y que había jurado matarla el día que saliera de la cárcel. El tipo sale, sigue a su ex mujer y al padre de Chuck hasta una casa…afuera les dispara a ambos, asesinándolos y luego arrastra los cadáveres dentro de la casa, prendiéndole fuego a todo. El asesino es llevado a juicio y Chuck tiene que declarar pidiendo no cadena perpetua sino pena de muerte.
Nana surge en ese contexto, en el proceso interior que Chuck lleva haciéndose cargo de desear la muerte del asesino de su padre. En un principio pensé que por ahí era truco publicitario, para engrandecer la imagen del escritor y generar ventas (casos se han visto), pero haciendo un concienzudo rastrillaje cibernético, llegás hasta el fulano y podés verlo en su celda, he is a dead man walking, podés ver su número de preso, el lugar dónde está, desde cuándo, el tipo de delito, e incluso, si sos lo suficientemente cuerudo contactarlo por email.
Odio decepcionar a la platea, pero no soy lo suficientemente cueruda, mi investigación llegó hasta comprobar que la historia existe y que Nana es lo que a momentos se siente, una cruda reflexión sobre hasta dónde se puede llegar cuando encontrás un motivo aparente para cruzar los límites.
Que no sea la mejor novela de Chuck, es lo de menos, que incluso resulte una lectura que a ratos se convierte en una suerte de película onda Hollywood, ni modo, pero que lo leés y hay partes que definitivamente llegan, es cierto también.
De Chuck rescato que amén de sus efectismos, logra una narrativa digerible, que no deja indiferente a nadie y que consigue hacerte reflexionar sobre algunos temas interesantes. Llegás a preguntarte qué harías de poseer una canción sacrificial y cuestionarte si podés elaborar un top 5 mental (como hice con un amigo que leyó el libro también) de seres humanos a los que por x o z dirigirías el hipotético castigo. Los resultados suelen ser sorprendentes.
Le pregunto si esto son más chorradas de Wiccan.
Y Mona dice que no.
–No, en realidad es Karl Marx.
Ella dice:
–Después de matar a alguien, esas son las únicas maneras de volver a conectar con la humanidad. –Sin dejar de dibujar en su libro, dice–: Es la única forma de poder regresar a un sitio donde el mundo no sea tu némesis. Donde no estés completamente solo.