viernes, noviembre 09, 2007

QUÉ HEDIONDEZ!

Por: Mónica Heinrich V.

Señor Süskind, qué mentecita más retorcida tiene, pero qué afortunada en su expresión macabra. Para quienes estén pensando que usted es un vulgar Stephen King, se equivocan, porque su retorcimiento alcanza niveles de elegancia y distinción pocas veces tocados en la literatura a través de este género.

Con El Perfume alcanza, usted, niveles insospechados de hediondez. Leí su libro con asco, pero fascinada al mismo tiempo, el asco no era por lo que describía tan bien, sino por lo que eso significa al pobre y vulnerable lector, un mundo retorcido, extraño, demasiado "oloroso", un olor similar al que sentís en los mataderos o esos olores que te recuerdan cosas y te hacen ponerte triste.

Tiene razón que el olor es poderoso, es el arma del ciego, el recuerdo del conciente, el hambre del que no puede comer y siente su boca salivar, la seducción, hasta la muerte tiene olor. La historia no podía ser más pasmosa, un francés cuya vida es narrada desde el día de su nacimiento hasta el día de su muerte, tiene como cualidad o desgracia el de poder distinguir cualquier olor y además tener el olfato tan desarrollado que sus alcances son desmedidos, extraordinarios.

Sabemos que el personaje se llama Jean Baptiste Grenoille, pero sabiéndolo sólo vemos a ese ser anónimo, despersonalizado, sin olor, porque a pesar de que Jean Baptiste podía oler cualquier cosa, él mismo carecía de cualquier tipo de olor. El asunto se vuelve Kafkiano, y mientras leía me afligía por el pobre Jean Baptiste, por los hechos que suceden a su alrededor, cómo la gente que estaba en contacto con él muere o le pasa algo, cómo Jean Baptiste no siente nada de nada, su sensibilidad para el olor sólo se equipara a su insensibilidad emocional, lo que lo lleva a cometer asesinatos buscando robar el perfume de las infortunadas muchachas que asesinaba....

El olor es su don pero también su cruz, sobrevive a todo, menos a los hechos que desencadena su extraña virtud. Las palabras dejan de ser palabras y vos mismo empezás a sentir olores, que trascienden las páginas del libro, para terminar cada capítulo con una extraña sensación, como si hubieses visitado un basural. Las situaciones son sólo excusas para que Jean Baptise emerja con todo su esplendor o mejor dicho, hediondez, dejándote ese mal sabor. Su odio hacia el ser humano alcanza su climax en el final, que para muchos es inesperado, pero para mí, no sé.

Yo me esperaba algo así señor Suskind, no veía forma alguna de que salga del atolladero en que se había metido manteniendo la oscuridad del libro. Fue excesivo? me dice que le han dicho? No soy quién para juzgarlo, pero puede haber resultado algo, digamos radical, sin embargo bien mirado, es un final apabullante que dejará con la nariz tapada a más de uno.

Quisiera reclamarle, sin embargo, el no poner alguna advertencia a su libro, algo como "No apto para narices sensibles", no lo digo en mala onda no, sino que sabe qué, no puedo quitarme el olor de la mente, ni del corazón...y lo peor era que aunque el olor cada vez se ponía más feo, no podía parar, era adictivo, tuve que continuar embriagándome de Jean Baptiste durante casi 4 horas sin descanso, aunque con intervalos de insoportabilidad, usted sabe mi nariz sí es un poquito delicada...

Una lástima que Kubrick no haya podido filmarla, estoy segura que su nariz era mucho más resistente que la mía y hubiese hecho algo que lo habría dejado contento a usted y a sus olorosos lectores. No comprendo, empero, su decisión de hacer que la filme Tom Tykwe, por encima de Scorsese o Burton, usted sabrá qué hace, total, Jean Baptiste y su nariz le pertenecen...

Sé que no participó en el guión, sé que ya vió la película y no emitió opinión. Déjeme decirle, mi querido señor Süskind, que la película está bien, aunque el olor de sus páginas no consigue plasmarse del todo en el celuloide. Eso sí, Jean Baptiste es representado muy bien por Ben Whishaw, y aunque el director de Corre, Lola, Corre, peca a veces de grandilocuencia, creo que su relato lo amerita. Me parece que la película se cayó al final, un final que bajo su diligente narrativa consiguió cerrar un libro espectacular, pero que bajo la mirada menos severa y profunda de Tykwe, queda como un cierre apoteósico sin contenido, ni sobresalto. O sea, lo que vi en el cine, me dejó satisfecha gracias a su hermosa fotografía y a una correcta interpretación de actores, pero acá entre nos, le faltaba "algo".

Quisiera decirle, que admiro su (repito) retorcida narrativa, no sé cómo decirle (sin que se crea mucho) que El perfume ha sido una de las mejores novelas que he leído. Cuando ya estaba bastante condensada con olores menos sofisticados, llega usted y rocía tamaña hediondez, que aunque fue cuasi insoportable se recibe de manera muy agradecida. Comprendo que algunos lectores no puedan encontrar las mismas maravillas que yo encontré en su obra, es que cada lector es un olor, y cada olor es un mundo, cierto?

3 comentarios:

Anónimo dijo...

y cada mundo es un lector


js

Adrian dijo...

Hi Moniq.

Creo que este blog va a ser una manera muy tácita de mantenerme en contacto ;)

Leerlo me trae muy buenos recuerdos, no has cambiado tu forma de escribir.

Un abrazo.

Moniq H. dijo...

Adrian!!!!!!!!!!!!!!!!
No, tenemos que mantenernos en contacto! me cuesta mucho...pa que te voy a mentir. Aceptá mi solicitud del face "Banda Ancha"...te voy escribir el fin de semana y a mandar fotos. Comprendé a tu ex sys...que de ser una inocente e ingenua señorita, se convirtió en un maquiavélico ser que rehuye el contacto humano :p
Mi forma de escribir??? Ujuuuuu esa huevada me ha traído tantos problemas que ahora necesito guardaespaldas jejeje
Un besote para vos y un saludo para Stella.